Mi obra habita un campo entre los limites del lenguaje y la representación simbólica. Tiene la intención de activar la imaginación de otros posibles y diversificar, destruir y amplificar interpretaciones canónicas.
Cada pieza contiene un mapa heterogéneo en el que se suceden al mismo tiempo pensamiento, procesos y materiales. Un punto fundamental de la obra es el hecho del acto creativo en sí en la vida cotidiana. Trabajando mucho la idea del eureka, entendido como un gesto de exclamación, una respuesta sensible a los procesos mentales hechos forma mediante el azar y lo concreto.
La libre direccionalidad hace que los conceptos vibren, en consecuencia, en esta apertura de posibilidades, encontramos los limites: los métodos de construcción, los puntos de apoyo, los juegos tanto conceptuales como procesuales.
Se establece entonces un juego entre lo evidente, la evidencia: una serpiente, una mesa, una moneda de chocolate; y lo aparente: el ourobouros, el eje xyz o el dinero. Es decir, lo simbólico en la medida que tiene forma. Esto es lo que aparece en el momento de la contemplación.
Así se atiende a varios puntos de entendimiento, a tantas subjetividades como personas y momentos ocurran, según sea el grado de convivencia. El objeto alberga una pluralidad aludiendo a lo sensible, a las emociones sobrepasando el concepto de autoría y llevándolo a la pertenencia de cada visión. Según se vea, se recoge una memoria u otra, más colectiva o personal.

2025 © FERNANDO G. MÉNDEZ
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